martes, 26 de enero de 2016

Muere Marvin Minsky, el padre de la Inteligencia Artificial

.Premio Fronteras del Conocimiento 2014

.La odisea de las máquinas pensantes

EL MUNDO | Madrid

ACTUALIZADO 26/01/2016 11:54

La Inteligencia Artificial está de luto. Marvin Minsky, el matemático e informático considerado el 'padre' de este campo de investigación, ha muerto a los 88 años como consecuencia de una hemorragia cerebral. Minsky, que en la actualidad era profesor emérito del Media Lab del Massachussetts Institute of Technology (MIT) de Boston, fue un pensador pionero y para muchos el gran visionario de la teoría de la inteligencia artificial.

Su libro, La sociedad de la mente, se considera un texto de referencia para comprender el funcionamiento del cerebro y la posibilidad de desarrollar máquinas capaces de replicar los mecanismos neuronales. Su última obra, La máquina emocional: el sentido común, la inteligencia artificial y el futuro de la mente humana, se publicó en 2006.

Minsky (Nueva York, 1927) se licenció de Matemáticas por la Universidad de Harvard en 1946. Tras doctorarse en la Universidad de Princeton, donde solía decir que se inspiró en la "gente brillante" que le rodeaba, ingresó como profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Ahí conoció a su compañero John Mc Carthy (1927-2011) con el que fundó el Laboratorio de Inteligencia Artificial. Además, fue autor de contribuciones esenciales, teóricas y prácticas, en matemáticas, ciencia cognitiva, robótica y filosofía.

Minsky fue, desde los inicios del campo de la Inteligencia Artificial, el verdadero impulsor de la aspiración de dotar a los ordenadores de sentido común, es decir, del conocimiento que el ser humano adquiere mediante la experiencia. «Raramente apreciamos la maravilla que supone que una persona pueda pasar toda su vida sin cometer un error realmente grave, como meterse un tenedor en el ojo o salir por la ventana en lugar de por la puerta», escribía en La sociedad de la mente (Edic. Galápago).

Para Minksy, el secreto para lograr máquinas que superasen en inteligencia al ser humano era descifrar nuestro cerebro para tratar de imitar los procesos neuronales que generan esa inteligencia inherente que evita que salgamos por la ventana o que nos pinchemos el ojo con el tenedor.

Los grandes avances que ha tenido la Inteligencia Artificial, en tan solo las seis décadas que han pasado desde que se acuñó el término, han sido abrumadores en buena medida por el impulso que le dio Minsky. De hecho, han permitido el desarrollo de aplicaciones muy extendidas en la sociedad actual como los sistemas de diagnósticos médicos o los aviones no tripulados que conocemos como drones.

Minsky consideraba el cerebro como una máquina cuyo funcionamiento podría ser estudiado y replicado por ordenadores. Su papel crucial en el desarrollo de la Inteligencia Artificial se reflejó en el hecho de que Stanley Kubrick recurrió precisamente a él para poder recrear el omnipotente ordenador HAL 9000 que aparece en la mítica película de ciencia ficción 2001: una Odisea del Espacio, estrenada en 1968.

El investigador estadounidense, por aquel entonces, ya preveía que los ordenadores y sus programas irían más allá de los cálculos matemáticos para poder llegar a simular las funciones del cerebro humano; es decir, desarrollar lo que se conoce hoy como Inteligencia Artificial.

Hace sólo dos años, en 2014, Minsky visitó Madrid para recibir el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Tecnologías de la Información de la Fundación BBVA, y aseguró entonces que no le asustaba la velocidad a la que avanzan las investigaciones en inteligencia artificial y la capacidad cada vez mayor que tienen las máquinas de simular al cerebro humano. "Muchos han escrito en la ciencia ficción que las máquinas se hacen con el control de la civilización y siempre ocurre algo malo, pero me parece que la gente es muy imaginativa", aseguró.

Minsky estaba convencido de que, con el tiempo, se llegarían a crear máquinas al menos tan inteligentes como los humanos. Sin embargo, según manifestó al recibir su Premio Fronteras del Conocimiento, no era muy optimista respecto al plazo en el que podría lograrse: "Depende de cuánta gente trabaje en los problemas adecuados. Ahora mismo no hay ni recursos ni investigadores suficientes". Y fiel a su reputación de científico iconoclasta, añadió: "Los grandes avances en Inteligencia Artificial se dieron entre los 60 y los 80 del pasado siglo. En los últimos años no he visto nada que me sorprenda, porque ahora la financiación se enfoca más en aplicaciones de corto plazo que en ciencia básica".

Hasta el final de sus días, el padre de la Inteligencia Artificial siguió siendo fiel a su visión del cerebro humano como una «máquina de carne». «¿Qué somos las personas sino máquinas muy evolucionadas?», se preguntaba en Madrid, durante un debate con el cineasta Kike Maíllo organizado por la Fundación BBVA con motivo de la concesión de su Premio Fronteras.

«Nadie sabe realmente lo que va a suceder, pero hay que tener en cuenta que las emociones nos han traído hasta aquí», aseguraba Minsky en aquel debate. «Las emociones no son más que una forma concreta de resolver problemas muy deprisa... Somos afortunados, teniendo que dejar esa decisión a las generaciones futuras. Pero hoy por hoy solo hay una cosa cierta: todo el que diga que hay diferencias básicas entre la mente de los hombres y de las máquinas del futuro se equivoca», sentenció el sabio.


http://www.elmundo.es/ciencia/2016/01/26/56a73a7ae2704e4f5c8b45a9.html

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