domingo, 28 de agosto de 2011

"Enterrados" a 95 grados bajo cero

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La práctica de la criogenia, nombre que se da a la congelación de los tejidos después de la muerte, está ganando centenares de adeptos en todo el mundo que están dispuestos a pagar hasta un total de 120.000 dólares por un nicho en un tanque de nitrógeno líquido.

Parte de este dinero se emplea en mantener el nivel de nitrógeno de los tanques, y otra parte está destinada a un fondo del que dispondrán los clientes una vez que vuelvan a la vida, si es que ésto llega a ser algún día posible.

En la actualidad, Alcor almacena 13 cuerpos en sus tanques, así como las cabezas de otras 23 personas que se acogieron a la oferta especial.

Parte del dinero que cuesta enterrarse a 95 grados bajo cero también se emplea para costear el complejo proceso de congelar los cuerpos.

En el momento en que un médico certifica la muerte del cliente, por lo general cuando se detienen el corazón y los pulmones, pero antes de que casi todas las células del organismo hayan muerto, los clientes de Alcor reciben una inyección de heparina, que impide la coagulación de la sangre.

A continuación, el equipo de expertos la empresa extrae la sangre del paciente inyectándole a presión una solución salina y después se enfría el cuerpo en un baño de hielo.

Poco después, se introduce un anticongelante a base de glicerol en las arterias para retardar la formación de cristales de hielo antes de sumergir el cuerpo, o la cabeza cuidadosamente seccionada, en los estanques de nitrógeno líquido.

Hug Hixon, bioquímico de la empresa Alcor dedicada a la criogenia, asegura que es perfectamente consciente de las dificultades que entraña revivir cadáveres que han sido congelados.

En primer lugar, porque también habrá que solucionar las causas que causaron la muerte. Otro problema es que a una temperatura inferior a los 95 grados centígrados bajo cero los órganos se resquebrajan.

"No es como un parabrisas que se hace añicos", explica Hug Hixon, "ya que se rompen en trozos de mayor tamaño.

Y si ésto no hace imposible la vuelta a la vida, el hecho de que la mayor parte de las células morirá a causa del frío viene a dar la puntilla", añade el bioquímico.

No obstante, para Hixon, someterse a la congelación después de morir es como "saltar sin paracaídas de un avión en llamas". Es la única oportunidad que existe para prolongar la vida. "Es como subir a un bote salvavidas. Y sin duda es mucho mejor que las demás alternativas".

http://www.elmundo.es/salud/297/04N0124.html

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